Preguntas al doctor


Audiometría  
Fácil y rápido, este examen determina en pocos minutos el nivel de audición de una persona. Una práctica que es solicitada por los otorrinos y que es fundamental para evitar -entre otros- problemas en el desarrollo del lenguaje de los niños.  
Con la colaboración del Dr. Ernesto Ried G.
Departamento de Otorrinolaringología
Artículo publicado en la revista Vivir Más en Noviembre de 2008
 
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  El exámen  


Si su hijo ve televisión a todo volumen; si lo tildan de desordenado, pajarón o distraído porque no acude ante un primer llamado; si usted se da cuenta de que tiene un vocabulario más reducido que el resto de sus amigos; si ha notado que tiene un lenguaje algo retrasado y que su pronunciación no es nada buena, preocúpese. Este simple ejercicio es clave a la hora de pesquisar una pérdida auditiva (hipoacusia) y puede convertirse en un hallazgo fundamental para el desarrollo posterior del niño. Hay que tener claro que si una pérdida de audición se detecta a tiempo, se evita una gran cantidad de dificultades. “Curiosamente me han tocado muchos casos en los que son las abuelas quienes se han convertido en las grandes ‘detectoras’ de los problemas de audición de sus nietos. En definitiva, son ellas las que presionan a los padres para que vayan a un especialista”, comenta el otorrinolaringólogo de CLC, Ernesto Ried.

A todos los niños que nacen en CLC se les hace un screening auditivo neonatal, procedimiento que permite detectar -desde ese momento- cualquier anomalía auditiva. “Esto es ideal ya que si bien los recién nacidos que vienen con un problema auditivo congénito o hereditario son lo menos, hay otras causas que lo pueden detonar. Entre éstas están las infecciones perinatales (durante el embarazo), el bajo peso al nacer, el ser prematuro y los menores que han estado en la UTI. Todos los niños con alguna de estas características están bajo sospecha. Y si hay sospecha, hay que evaluar”, señala el doctor.

Algunos colegios exigen junto con el examen de admisión, una evaluación auditiva y una evaluación visual. Pero, lamentablemente, estas instituciones son las menos. “La evaluación auditiva consiste en un examen otorrinolaringológico y una audiometría. Si el doctor lo considera necesario puede pedir una impedanciometría. En casos en los que es evidente que el resultado será negativo, es mejor iniciar un tratamiento y solicitar los exámenes tiempo después”, comenta Ried.

Por su parte, la tecnóloga médica otorrino de CLC, Josefina Ernst, señala que “para los niños menores -desde un año hasta los tres- se hacen las audiometrías de juego o condicionadas para que les sea más fácil seguir las instrucciones. Después de esa edad, los menores pueden hacer las audiometrías tradicionales sin problema”.

En los preescolares y escolares son otros los factores que también pueden influir en una baja audición: las otitis mucosas, las alergias, los adenoides y las sinusitis. Estos males favorecen la acumulación de líquido en el oído lo que, naturalmente, baja el nivel de audición. “Cuando se tapa el drenaje, el líquido no sale y se pone espeso. Ante esto hay que comenzar con un tratamiento que puede incorporar un antialérgico, un mucolítico o antibióticos. Si esto no es exitoso, se puede plantear un tratamiento quirúrgico que, “puede” incluir junto a las colleras, una operación de amígdalas y/o adenoides. Sobre todo en caso de niños respiradores bucales o roncadores”, comenta el médico.

  El exámen

La audiometría mide las pérdidas auditivas y determina la magnitud de éstas en relación con las vibraciones acústicas. En otras palabras, es una prueba que permite una valoración bastante precisa de la audición, siendo vital para determinar si una persona oye bien o no. “La audiometría es bastante precisa si el paciente colabora. Si es muy pequeño, no sigue las instrucciones o tiene algún grado de retardo, no va a ser útil. Lo mismo ocurre si la persona trata de obtener algún beneficio de su pérdida auditiva, aquellos que simulan una pérdida que en realidad no tienen”, señala el especialista.

En la audiometría se realizan dos mediciones, una es la capacidad de detectar los sonidos a través del aire (conocida como vía aérea) y otra, a través de los huesos de la cabeza (la vía ósea). “Para realizar una audiometría, el paciente debe entrar dentro de una cabina perfectamente insonorizada, sentarse cómodamente y ponerse unos auriculares. A continuación, se le van presentando una serie de sonidos de mayor a menor volumen, ante los cuales debe hacer una señal cada vez que los oye. La última intensidad reconocida determinará el umbral de audición para esa frecuencia en concreto. Esta misma tarea se repetirá con sonidos de otras frecuencias. De esta manera habremos investigado la vía aérea. La determinación de la ósea se realiza de igual forma pero, en vez de presentar el sonido a través de un auricular, se hace a través de un vibrador que se coloca detrás de la oreja”, explica Ernst. La duración habitual de una audiometría realizada por personal especializado es de alrededor de unos veinte minutos.

Valores de referencia
Una audiometría se considera normal cuando las vías aérea y ósea están entre 0 y 20 decibeles. Los otros grados son los siguientes:

• Pérdida de audición leve. Umbral entre los 20 y los 40 decibeles. Estas personas tienen cierta dificultad para escuchar o entender lo que se les está hablando a cierta distancia o en ambientes con cierto nivel de ruido de fondo.

• Pérdida de audición moderada. Umbral entre los 40 y los 60 decibeles. Imposibilidad de seguir una conversación normal si existe ruido de fondo, puede ser manifiesto cierto grado de aislamiento.

• Pérdida auditiva severa. Umbral entre 60 y 80 decibeles. Dificultad para escuchar lo que se les está diciendo prácticamente en todas las situaciones.

• Pérdida auditiva profunda. Umbral de más de 80 decibeles. No perciben ningún tipo de sonido a su alrededor, aunque se les grite.

  La audiometría permite determinar:
1. El umbral auditivo, es decir, la intensidad mínima de sonido que es capaz de percibir la persona. Se conoce como audiometría tonal o audiometría tonal pura.

2. La capacidad de comprender la palabra, mediante la repetición de una lista de 20 palabras, expresada en porcentaje de aciertos a un volumen determinado. Esta es conocida como audiometría verbal y permite confirmar la indemnidad del sistema auditivo a nivel de oído y central.