Preguntas al doctor


Mi hijo crece poco  
¿Tiene la impresión de que su hijo es muy pequeño para su edad o que no
crece lo suficiente? En 2005, el organismo regulador de medicamentos de
EE.UU. (FDA) aceptó que la utilización de la hormona de crecimiento podría
ser beneficiosa en algunos niños sanos que están bajo la curva normal
de estatura. La doctora Verónica Mericq, endocrinóloga de CLC, explica
cómo abordar la situación.
 
Con la colaboración de la Dra. Verónica Mericq G.
Departamento de Pediatría
Artículo publicado en la revista Vivir Más en Mayo de 2007
 

En diciembre pasado, Antonia Lecaros (13 años) medía 1 m 33, una talla muy
baja si se considera que el límite normal para su edad es 1 m 49. Hace cuatro meses retomó un tratamiento que había iniciado cuando niña, y ya creció 4 centímentos. Y ya no la confunden con la hermana menor de sus compañeras de curso. Antonia tiene tías y primas menudas y bajitas; es
decir, tiene antecedentes familiares de talla baja; es buena alumna, está socialmente integrada y ni ella ni su familia basan la autoestima en la estatura. Sin embargo, cuando niña se detectó que su pronóstico estatural estaba por bajo 1 m 45 lo que, como indica la endocrinóloga
infantil de CLC Verónica Mericq “podría haberle sido socialmente desventajoso”. Por ello, Antonia inició un tratamiento para aumentar la talla cuando tenía 8 años.

El crecimiento finaliza cuando los huesosse solidifican y se unen entre sí, lo que ocurre, generalmente, entre los 14 y los 17 años, según el sexo y la edad de inicio del desarrollo puberal. “Es en los controles periódicos del pediatra que se supervisa el proceso. Por ello es tan
importante acudir regularmente a dichos controles, guardando el registro de la consulta”, explica la doctora Mericq. Si el niño está bajo el percentil 3 (lo que significa que de 100 individuos de su edad, 97 están por sobre su estatura y sólo 3 por debajo), o si se ha modificado su curva de crecimiento después de los dos años (plazo normal para que un
recién nacido se adapte a la curva de crecimiento familiar), debe ser derivado al endocrinólogo.

Lo primero que hace el especialista es practicar un examen, que considera las características del tipo físico del niño, sus proporciones, su piel y los posibles rasgos de síndromes genéticos o enfermedades endocrinas, como el bocio. Luego se analiza el historial médico –patrones de crecimiento incluidos–, se pregunta acerca del embarazo, el parto, el peso
al nacimiento, la estatura de los padres, abuelos y hermanos, y la edad del desarrollo puberal de los padres. Además se indican exámenes de laboratorio para descartar enfermedades que pueden afectar el crecimiento, y una radiografía de mano para conocer la edad de maduración
ósea del niño.

En un 10 por ciento de los casos los problemas de crecimiento son efecto
indirecto de patologías que no habían sido diagnosticadas (pulmonares, gastrointestinales o renales, entre otras); de trastornos hormonales (hipotiroidismo, deficiencias en la hormona del crecimiento o exceso de corticoides); de displasias esqueléticas evidentes (acondroplasia o enanismo, por ejemplo), o de restricción del crecimiento intrauterino. “De estas condiciones, sólo los niños con deficiencia de hormona de crecimiento o los que nacieron con bajo peso y/o talla al nacer, son candidatos a la terapia con la hormona”, señala la doctora Mericq.

El otro 90 por ciento de los niños de baja estatura proviene de familias con talla baja. Aproximadamente un 5 por ciento de estos, se tratan con la hormona del crecimiento para corregir leves trastornos esqueléticos u hormonales. Pero, en la mayoría de los casos, el hecho de que las familias sean de baja estatura se debe a causas idiopáticas; es decir, desconocidas. Hasta hace poco no se trataba a aquellos niños, pero la FDA norteamericana aprobó recientemente la administración de la hormona del crecimiento, incluso a este último grupo.

Era el caso de Antonia: aunque era sana y no había causa aparente para su escasa estatura, ella estaba permanentemente bajo el percentil 3. La edad ósea que mostraba su radiografía de mano era siempre de alrededor de tres años inferior que su edad cronológica. Sin embargo, cuando Antonia tenía ocho años esta distancia se acortó, lo que se tradujo en un peor pronóstico de estatura final pues significaba que el hueso tenía menos
tiempo para terminar de madurar. Fue en ese momento cuando la doctora Mericq recomendó el tratamiento.

INYECCIONES DIARIAS
La terapia consiste en una inyección diaria, cuyo pinchazo es extremadamente bien tolerado. La aguja, además, es muy pequeña. “Ella se la pone sola, y sólo cuando está muy cansada me pide que se la ponga yo”, explica Solange Perey, la madre de Antonia.

La doctora Mericq indica que lo ideal es comenzar apenas surjan alteraciones en la curva de crecimiento –lo que detecta el pediatra en los controles de rutina–, prolongando el tratamiento hasta que el niño termina de crecer. A pesar de haberse descartado sus riesgos cancerígenos, la administración de la hormona debe ser estrictamente vigilada con controles médicos cada tres meses ya que puede producir efectos secundarios leves e infrecuentes, como cefaleas y dolores óseos,
o aumento de la glicemia.

“Nosotros interrumpimos el tratamiento durante un tiempo, porque en un momento nos estresamos y nos preguntamos qué tan importante en la vida es la talla”, cuenta Solange Perey. “Pero cuando se acercaba la adolescencia y a la Antonia se le acortaban los plazos para el término del crecimiento, decidimos retomarlo. Sus compañeras eran veinte y hasta treinta centímetros más altas, entonces ¿cómo me iba a sentir yo si después no crecía?”, reflexiona. “Eso sí, decidimos no obsesionarnos y medir el crecimiento sólo en los controles médicos cada tres meses, en vez de todos los días en la casa. Para nosotros ha sido siempre más importante que la Antonia sea sana, tranquila y feliz, independientemente de su estatura.

“Hoy en día aproximadamente el 30 por ciento de las consultas infantiles en nuestra especialidad son de padres que traen a sus niños, preocupados porque piensan que son muy bajos. Pero la mayor parte de dichos casos poseen estaturas normales”, asegura la doctora Mericq.

Cuando sí, cuando no
“El tratamiento, en casos de baja estatura por causas desconocidas, sólo
debe indicarse cuando la talla baja es severa; es decir, cuando el pronóstico estatural final de niñas es menor a 1 m 50 y de niños es menor a 1 m 60. Y siempre debe hacerse en acuerdo con el paciente y su familia ”, explica la doctora Mericq. “Si un escolar es sano, está bien alimentado, practica deportes regularmente, duerme bien y está en las curvas esperadas de crecimiento de acuerdo a su patrón familiar, no requiere tratamiento, aunque sus padres quisieran que fuese más alto”.