Preguntas al doctor


¿Tiene usted resistencia a la insulina?  
Frecuentemente, el sobrepeso y la obesidad están relacionados con un trastorno denominado resistencia a la insulina, que afecta a cerca del 25% de las personas. Se trata de una condición crónica de carácter prediabético, es decir, que puede desembocar en una diabetes. Sin embargo, se puede revertir si se detecta a tiempo y se enfrenta con un cambio de vida.  
Con la colaboración del Dr. Verner Codoceo R. y Dra. Verónica Alvarez V.
Departamento de Medicina Interna
Artículo publicado en la revista Vivir Más en Diciembre de 2006
 

Por herencia familiar, Andrea Nazer, 22 años, estudiante de Periodismo, siempre ha tendido al sobrepeso. Ha hecho todas las dietas imaginables y ha consultado a muchos especialistas, que no detectaban ninguna anormalidad en su metabolismo. Pero en enero de este año comenzó a subir de peso en forma extraordinaria y sin explicación alguna. Cuando la balanza mostró un aumento superior a los quince kilos en un lapso de siete meses, se preocupó y recurrió al Centro de Nutrición de Clínica Las Condes. Entre los exámenes que le practicaron, dos estaban por sobre el rango normal: el de glicemia, que mide la cantidad de azúcar en la sangre, y el de insulinemia, que mide los niveles de insulina. Por ello, a Andrea se le diagnosticó una condición prediabética llamada “resistencia a la insulina”.

Ésta se produce cuando el organismo deja de reaccionar a la acción de la insulina, la hormona segregada por el páncreas para distribuir la glucosa en las células y para mantener controlados los niveles de azúcar en la sangre. Con ello aumenta la glicemia, generándose la necesidad de más insulina aún. Se crea así un círculo vicioso, que puede desembocar en una diabetes cuando el páncreas ya no tiene capacidad para secretar más insulina.

No se sabe cuáles son las causas de esta condició. Se supone la necesidad de una predisposición en los genes y la participación de algunos factores adquiridos, como el sedentarismo, la obesidad y la mala alimentación. Además, la resistencia a la insulina ha aumentado en la medida que se han incrementado los casos de obesidad y desórdenes alimenticios, lo que hace suponer que las células grasas son grandes protagonistas en este deterioro. El cuadro se completa con otros indicadores: un alto índice de masa corporal, obesidad central –es decir, un perímetro de cintura superior a los 88 cm en mujeres, y a 102 cm en hombres–, hipertensión arterial y acantosis nigricans (pigmentación en la piel de cuello y axilas). Es frecuente que, junto con lo anterior, los pacientes tengan el colesterol alto, hígado graso y/u ovario poliquístico, pues además de intervenir en el procesamiento de la glucosa, la insulina participa en el manejo y distribución de las grasas y en el efecto final de otras hormonas.

Lo importante es pesquisar a tiempo esta condición, pues la evolución progresiva de la resistencia a la insulina puede revertirse mediante un cambio en el estilo de vida. Éste involucra, en primer lugar, ejercicio físico y una alimentación sana. Reduciendo la ingesta de azúcares, disminuye también la producción de insulina y, por lo tanto, la resistencia a su acción. La baja inicial de peso es más difícil que en personas normales por cual, en ocasiones, también se administran también medicamentos que sensibilizan las células a la insulina con lo cual se disminuye su producción. Pero lo más importante es la detección precoz y el cambio de hábitos, que debe mantenerse de por vida para evitar la aparición temprana de una diabetes.

El fenómeno no tiene relación con alteraciones del metabolismo: Se tiende a pensar que los obesos tienen el metabolismo ‘lento’. Pero es al revés: lo tienen normal o superior al de los individuos delgados, pues poseen mayor cantidad de masa, cuyo funcionamiento exige más trabajo al
organismo.

"Según mi examen de calorimetría, yo quemo 1.800 calorías en reposo, lo que es bastante”, asegura Andrea Nazer. “Pero mi abuela era diabética, mi papá está al límite y tengo un hermano que también sufre de resistencia a la insulina”, dice Andrea. “Por eso la nutrióloga me dio medicamentos para reducir el apetito y disminuir mis niveles de insulina. Así logré perder cinco kilos el primer mes de tratamiento”.

El kinesiólogo le elaboró un programa de actividad física enfocado hacia la natación, pues Andrea tenía una molestia a la rodilla que le impedía practicar otros ejercicios. Junto con ello, la nutricionista le confeccionó un régimen de 1.200 calorías, bajo en hidratos de carbono y
alto en proteínas. “No me puedo saltar comidas, y debo alimentarme con raciones pequeñas cinco veces al día. La psicóloga me dijo que no lo tomara como una dieta, sino como un cambio de hábitos”.

Diagnóstico y Tratamiento
La glicemia normal, que se mide en un examen de sangre, llega hasta los 100 miligramos por decilitro. Si en dos o más oportunidades es mayor a 126 en ayunas, o si marca 200 en cualquier momento, acompañada de sed y deseos frecuentes de orinar, el paciente es diabético. Si está entre los 100 a 125, es probable que presente resistencia a la insulina, lo que se confirma si una relación matemática entre la glicemia y el nivel de insulina en la sangre, llamado HOMA, supera los 2,6 puntos.

Cuando esto ocurre, es fundamental abordarlo con un médico diabetólogo, quien será el encargado de definir el tratamiento. Uno de los elementos fundamentales es bajar de peso y hacer ejercicio. El Centro de Nutrición y Cirugía de la Obesidad de CLC enfrenta la obesidad desde un punto de vista multidisciplinario. El paciente es evaluado por el médico nutriólogo, quien examina, diagnostica y sugiere el tratamiento, que incluye una pauta de alimentación confeccionada por la nutricionista. El kinesiólogo indica los ejercicios y, finalmente, un psicólogo trata la motivación, el manejo de la ansiedad y un reentrenamiento de hábitos.