Preguntas al doctor


Adictos a la TV  
En muchas familias, la televisión es un miembro más e incluso puede llegar a tener mayor presencia e influencia que los padres. Decidirse a limitar y regular su uso es clave para aprovecharla bien y evitar consecuencias negativas.  
Con la colaboración de la Dra. Isabel Margarita López S.
Departamento de Pediatría
Artículo publicado en la revista Vivir Más en Septiembre de 2005
 
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  Una realidad preocupante  
  El rol de los padres  


Andrés tiene un año y medio y es mañoso para comer. La solución fue sentarlo frente al televisor y darle cada cucharada mientras está hipnotizado mirando la pantalla.

Al cumplir 8 años, a Valentina le regalaron un televisor y un video para su pieza. Santo remedio: se queda dormida sin molestar a nadie. Y si despierta a media noche, tampoco necesita irse a la cama de los papás, porque prende el televisor y se siente acompañada.

Alberto (5 años) tiene un amplio vocabulario. Ante la chochera de sus abuelos, dice que el helado "sabe" delicioso. Pero le cuesta hacer nuevos amigos y pasa su tiempo libre dentro de la casa.

En todos estos casos la TV está jugando un rol protagónico en los hábitos de estos niños. "La TV entrega una cantidad de información enorme, se puede aprender de otras culturas, ciencia, deportes, etcétera. Pero además, modela los gustos y los valores", explica la neuróloga Isabel Margarita López. "Hasta hace unas décadas nos regíamos por los valores que entregaban la familia, la religión y el colegio, pero ahora nadie escapa de la influencia de la TV".

Por esto, no es un medio que deban administrar los niños en forma libre y autónoma. Ellos no tienen aún la capacidad de discernir en torno a los mensajes que reciben, y asumen lo que ven en forma pasiva y receptiva,
como si se tratara de la realidad.

Los contenidos penetran sin ningún filtro. "Muchas veces la violencia es usada por quien tiene los atributos positivos, el "bueno" de la película -señala la doctora López-, o sólo se enfatizan los aspectos "simpáticos" que pueden tener el sexo y las drogas. Esto se ha relacionado con mayor promiscuidad, violencia, uso de alcohol y tabaco".

Hay que tener cuidado, porque la adicción puede llegar a niveles patológicos, con niños o adultos aislados, que no se reúnen con amigos ni interactúan con el resto de la familia.

  Una realidad preocupante

-Según la última encuesta del Consejo Nacional de Televisión (CNTV), la TV abierta es el medio de mayor consumo entre menores de 13 años.

-Los niños chilenos ven tres horas diarias. Un 67,7 por ciento de los menores de dos años ve televisión.

-La mitad de los programas que ven los niños son para adultos; las teleseries están entre lo más visto entre los 4 y 14 años.

-El 57,7 por ciento vio contenidos inadecuados, como vocabulario grosero, escenas de sexo, trato discriminatorio y violencia.

  El rol de los padres

Los programas culturales y educativos, y los canales infantiles, han abierto el abanico, pero los padres deben regular calidad y cantidad.

Tenga presente estas reglas básicas:
-El televisor no debe estar en el dormitorio de los niños.
-No es recomendable que los menores de dos años vean TV.
-Limitar el tiempo de pantalla: no más de una hora diaria en los pre-escolares, y máximo dos horas en los mayores.
-No comer viendo TV y ojalá tampoco en bandeja. La comida debe ser una situación familiar.
-No hacer las tareas con la TV prendida.
-No usarla para quedarse dormido.
-Seleccionar previamente qué se verá y no buscar lo que haya. No al zapping.
-Acompañar a los hijos cuando ven TV, para comentar y refl exionar en conjunto sobre los contenidos.
-Censurar los programas que promueven la violencia y contenidos no apropiados para su edad.
-Educar para ver TV y desarrollar un espíritu crítico. Enseñar a los niños que se trata de un producto, no de la realidad, y que podemos tener una opinión propia o personal al respecto. Lo mismo con la publicidad.
-Ofrecer otras alternativas de recreación: juegos, deportes, lectura, actividades con amigos y familiares.

Efectos negativos de la TV en los niños
-Les roba tiempo de interacción y aprendizaje.

-Favorece el sedentarismo y la obesidad.

-Tiende a producir conductas violentas.

-Estimula una sexualidad precoz en adolescentes.

-Genera temores, ansiedad y depresión.

-Altera hábitos de sueño.

-Puede promover estilos de vida poco saludables: beber, fumar