Preguntas al doctor


Papás alerta. Signos de maltrato infantil  
Conmoción han causado los últimos casos de maltrato infantil ocasionados por personas que quedan al cuidado del niño. ¿Cómo detectarlo a tiempo cuando los padres trabajan?  
Con la colaboración de la Dra. Flora De la Barra M.
Departamento de Pediatría
Artículo publicado en la revista Vivir Más en Abril de 2005
 
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  Signos de alerta  
  Qué actitud tener  


Instalar una cámara oculta en el hogar para espiar lo que ocurre cuando no estamos puede ser una medida extrema, e incluso tardía para detectar el maltrato. Antes que esto, los padres debieran crear las condiciones necesarias para la protección de sus hijos y estar atentos ante pequeños "mensajes" que éstos envían, y que son indicativos de violencia en su contra.

Estos signos dependen del tipo de maltrato recibido, que puede ser de diferentes tipos y consiste en cualquier acto de omisión o comisión humana que pone en peligro la salud física, emocional o el desarrollo de un niño.

Generalmente, el menor que sufre maltrato está sometido a más de un tipo. Está la violencia física, que es la más publicitada y evidente. Se presenta en diferentes grados, pero sólo deja marcas en alrededor de un 30 por ciento de los casos. El abuso sexual también es un tipo de maltrato, y va desde tocaciones y mostrarle pornografía al niño, hasta la violación.

La violencia sicológica consiste en un trato sistemático de violencia verbal hacia el niño, insultándolo, denigrándolo o amenazándolo. También es una forma de maltrato la negligencia o abandono físico y emocional.

Aparte del daño inmediato que esto le causa al menor, puede repercutir en su desarrollo físico y emocional a futuro, e incluso transmitirse a futuras generaciones.

  Signos de alerta

Les presentamos una serie de pistas y situaciones en las cuales poner atención para detectar un posible caso de violencia en contra de un niño.

Maltrato físico
Se sospecha de violencia cuando hay discrepancia entre el supuesto origen de una lesión y el tipo de la misma. Los padres encuentran lesiones en el niño que no tienen explicación clara y la persona que lo cuida no entrega un relato coherente acerca de cómo se produjeron; o al llevarlo al pediatra éste dice que no pueden haberse producido como a ellos les contaron.

Existen algunas lesiones más típicas o que hacen pensar en maltrato: marcas en la piel sugerentes de manos o instrumentos, o quemaduras redondas profundas sin marcas de salpicadura. Además, las fracturas por maltrato generalmente se dan en los huesos largos o en las costillas.

En el caso del síndrome de la guagua sacudida, no hay signos externos de daño pero hay hemorragia en la retina y en las meninges, que puede detectar el médico. Además puede haber síntomas neurológicos como desmayo.

Cuando un niño va demasiadas veces al Servicio de Urgencia por fracturas o lesiones, el pediatra debiera pedir una radiografía total del cuerpo, pues se pueden encontrar otras fracturas anteriores en proceso de cicatrización, lo que haría sospechar de un caso de violencia intrafamiliar.

Abuso sexual
No siempre deja lesiones físicas. Algunos signos sugerentes son que el niño está deprimido, angustiado o llorón, o tiene una conducta hipersexualizada: toca los genitales de los adultos o habla de conductas sexuales que no tendría por qué haber aprendido.

Maltrato emocional
Hay alteraciones conductuales en la casa o el colegio, o el niño está deprimido o apático sin causa aparente.

Negligencia física
Se puede detectar desde falta de higiene hasta problemas de crecimiento. También al someterlos a riesgos evitables –como jugar con objetos punzantes o estar cerca del hervidor- se pone en riesgo su integridad física.

Negligencia emocional
Los niños con falta de afecto pueden deprimirse, estar demasiado alerta o buscar el cariño en forma indiscriminada. Por ejemplo, se cuelgan y abrazan de la persona que llega a la casa. Una desorganización extrema en las rutinas para comer y dormir o una preparación inadecuada de comidas también representan un tipo de maltrato. Se puede detectar en un niño con hambre o con somnolencia crónica.

  Qué actitud tener

Para prevenir el maltrato y detectarlo a tiempo es importante:

1. Conversar con el niño. No se trata de pedirle que acuse a la nana, sino preguntarle qué hizo en el día y qué pasó mientras los padres no estaban. Si se sospecha alguna conducta inadecuada, hay que crear un ambiente de confianza y asegurarle que no lo van a delatar. Cuando los padres crean el ambiente adecuado, los niños se abren. "Debieran preguntarle: cómo es la hora de comida, dónde te sientas, qué te dice la nana, qué te dice si no quieres comer", indica la psiquiatra infantil doctora Flora de la Barra.

2. Observar al niño. Ver cómo se comporta con la nana, qué actitudes pueden haber cambiado, si está más irritable, temeroso al castigo.

3. También hay que conversar con la nana y preguntarle qué problemas tiene con el niño, cómo los resuelve y cómo ejerce la disciplina. Además es importante capacitarla sobre el manejo de los problemas de conducta y hacerle ver cuáles son las prioridades. Por ejemplo, que lo más importante es que el niño esté acompañado y tenerle paciencia en la comida, por sobre la limpieza excesiva de la casa. "Puede ser que ella crea que su obligación es enchufarle la comida a cualquier costo. Hay que explicarle que la idea es que el niño aprenda el hábito lo mejor posible, pero también hay flexibilidad", señala la especialista.

También hay que consultarle si ha dormido, con qué ha jugado, qué cosa han hecho juntos.

Se debe observar cuál es la actitud de esta persona.

4. Observar a la persona que cuida al hijo. Si tiende a estar perturbada emocionalmente, expresa mucha angustia personal o mucha agresividad o rabia contra el niño, hay un riesgo evidente.

Factores de riesgo
Una casa donde se tolera la violencia como forma de solucionar conflictos o adquirir poder, es el ambiente adecuado para el maltrato. Algunas características de los padres o personas al cuidado del niño pueden ser factores de riesgo: El bajo nivel educacional, la falta de experiencia, madurez o la excesiva juventud, las carencias afectivas, dificultades en la calidez y empatía con la crianza, historias de maltrato previo en la pareja o en la infancia, abuso de alcohol o drogas, falta de destrezas de solución de problemas interpersonales y de crianza y falta de participación o insatisfacción con las redes de apoyo (familia, colegio, etc).