En el Programa de Parto con Apego, instaurado por Clínica Las Condes desde abril de 2002, el padre y la madre son las primeras personas que tocan a su hijo. En salas especialmente acondicionadas para asegurar la tranquilidad y la seguridad tanto de la madre como del niño, y que incluyen activamente al padre, se busca fomentar el apego temprano del recién nacido que, según expertos, es el primer paso de la salud emocional.

Departamento de Ginecología y Obstetricia

Rossana Bontempi (periodista, tres hijos) fue quien, con sus propias manos, terminó de sacar de su vientre a Antonia, su hija menor. Cuando la guagua estaba a medio salir, el obstetra le dijo a Rossana que la tomara por debajo de los brazos y que la deslizara suavemente hacia su pecho. “No me imagino otra experiencia de vida tan potente como ésta”, dice ella y, tal como la mayoría de las madres que tuvieron a sus hijos en el programa de Parto con Apego de Clínica Las Condes, repite palabras como “conexión especial”, “empatía” y “pertenencia” cuando habla del nacimiento de Antonia.

“Tuve a mis dos primeros hijos en un pabellón. Aunque fueron partos maravillosos, es muy diferente dar a luz en un espacio donde te sientes como en tu casa”, asegura Rossana.

Francisco Páez con Valentina, su hija recién nacida.

Arriba: Francisco y su esposa, Gabriela Pinto, reciben solos a su hija, sin intervención del equipo médico, segundos después de que la niña naciera por cesárea.

Es que la iniciativa de Clínica Las Condes promueve un parto humanizado, sin prescindir de la tecnología de punta que garantiza la seguridad de la madre y del recién nacido. Para ello se habilitaron cuatro salas LDR (Labor and Delivery Room), que tienen la apariencia de una habitación
familiar y que intentan ambientar la comodidad de la casa, con la música que los padres escojan, decoración cálida, luces suaves, un baño amplio, un sofá, e incluso un televisor.

Disimulados en clósets y estanterías se encuentran los equipos de última generación que apoyan el proceso: la unidad de atención del recién nacido con cuna radiante, la unidad de control y monitorización inalámbrica tanto fetal como materna –que permite a la madre desplazarse durante las contracciones–, el terminal de oxígeno y la mesa de instrumental.

“Hace 80 años, las guaguas nacían en el hogar. Después se privilegió lo tecnológico, con lo cual los médicos nos transformamos en protagonistas de unacontecimiento que es esencialmente familiar”, explica el doctor Luis Herrera, médico obstetra de Clínica Las Condes. “Sin embargo, en estos momentos la clínica posee un equipamiento de avanzada que crea las condiciones para rescatar la intimidad de los partos tal como eran antes y que, a la vez, permite enfrentar rápidamente cualquier emergencia que se pueda presentar”.

El equipo médico se viste con ropa de pabellón y la cama se convierte en mesa de parto sólo cuando llega el momento en que el hijo comienza la salida al exterior.

Cuando nace el hijo, son los padres quienes primero lo toman: entre ambos lo limpian y lo secan, le hablan, lo besan y lo acogen en silencio, ayudándolo a subir hasta el pecho de la madre, donde se queda por largo rato mientras el equipo médico se retira a un segundo plano. La sala está en una penumbra muy semejante a la del vientre materno, y las únicas luces que se encienden están dirigidas hacia el área de episiotomía y sutura.

El equipo

El doctor luis herrera, ginecólogo; la matrona Claudia Reyes y el médico anestesista Gino Canessa estuvieron a cargo del parto de Rossana y de la cesárea de Gabriela, que se efectuaron promoviendo un parto con apego.

“Un nacimiento es un suceso natural, no una enfermedad. como equipo, no sólo nos preocupa asegurar el buen desarrollo médico del proceso, sino mantener una actitud de total respeto a la dimensión emocional de un nacimiento”, dice el doctor Herrera.

“El hecho de que el primer contacto de un recién nacido sea la piel materna tiene muchas ventajas”, explica el doctor Herrera.

“Nace plácido y sin llanto, escuchando la voz y el latido cardíaco materno que lo acompañaron durante nueve meses; regula más fácil y rápidamente la temperatura; recibe una flora bacteriana inicial que será conocida por los anticuerpos de la leche materna, y adquiere un reflejo de succión muy precoz que, a su vez, optimizará la lactancia. Todo ello contribuye, además, a disminuir el sangrado vaginal y las posibilidades de depresión post parto”, agrega.

Por otra parte, el ambiente de tranquilidad en la sala genera contracciones más eficientes, que reducen la posibilidad de recurrir a los fórceps o a la cesárea.

La cesárea diferente

Sin embargo, un parto por cesárea también puede desarrollarse fomentando el apego.

Así lo vivió la ingeniera de marketing Gabriela Pinto (35), quien tuvo a su tercera hija con este sistema. “Éste fue mi primer parto despierta. Mis dos hijos mayores también nacieron por cesárea, y en ambos
casos tuvieron que ponerme anestesia general. A mi primer hijo recién lo vi después de un par de horas; el segundo estuvo varios meses en incubadora y no lo podía ni tocar. Con los dos tengo una relación maravillosa, pero con la Valentina hay algo especial. Cuando me la pusieron en el pecho tal cual como llegó, con la grasita y todo, la acariciamos, la besamos e identificamos su olor, que se le queda a uno para siempre. Nadie nos molestaba, estábamos los tres con mi esposo, fue nuestro momento de reconocernos y formamos un triángulo que para mí fue muy mágico”.

El marido de Gabriela, Francisco Páez, siente que esta vez él participó directamente del nacimiento de Valentina, a diferencia de lo que ocurrió con susotros hijos, en cuyos partos fue sólo un espectador. “Te involucras desde el inicio en todo el proceso; te sientes parte. De hecho, fui el primero en tomar a mi hija y ponerla en el pecho de mi señora. En las cesáreas anteriores, mi rol consistía más que nada en acompañar a Gabriela durante un momento de tensión en el que ella, además, estaba dormida. Yo estaba con ella mientras los médicos se preocupaban del recién nacido. Ahora, en cambio, vivimos juntos los primeros momentos de mi hija”.

Ximena Sepúlveda, psicóloga del Centro de Especialidades Pediátricas de Clínica Las Condes, indica que, para un padre, presenciar el parto de su hijo –y, más aún, participar en él– establece vínculos muy fuertes con el recién nacido. “Generalmente un papá más desconectado desde el comienzo, mantendrá esa tendencia hacia el futuro. En cambio, cuando el apego paterno comienza en el nacimiento mismo, los padres se comprometen más con sus hijos”, dice. “Por esa razón”, precisa, “es que se habla tanto de apego materno como paterno”.

“Cuando nació la Antonia, nadie hablaba; no volaba ni una mosca. yo sabía que el equipo médico no iba a intervenir más allá de lo necesario. había una tranquilidad enorme. no me imagino otra experiencia de vida tan potente como ésta”, dice la periodista.

Rossana Bontempi, quien tuvo a su tercera hija, Antonia, en el programa de parto con apego de clínica las condes.

También los hermanos

De hecho, es el padre quien corta el cordón umbilical en el programa de Parto con Apego, y quien traslada a la guagua para ser evaluada por el neonatólogo en la Unidad de Atención del Recién Nacido, ubicada en la misma sala y a escasos metros de la madre.

Los hermanos y los abuelos también pueden estar presentes. “Mis dos hijos mayores nos acompañaron casi todo el tiempo. Sólo los hicimos salir un momento, pero al poquito rato volvieron y fueron los primeros de la familia que le dieron besos y le hicieron cariño a la Antonia”, cuenta Rossana Bontempi. “Estaban fascinados, porque sentían que ellos también habían estado ahí esperando a su hermana”.

Según dice el doctor Herrera, tocar, acariciar y aun besar a un recién nacido no reviste ningún peligro para el niño. “Un nacimiento es un suceso natural y no una enfermedad, y nosotros tratamos de preservar ese concepto, proporcionándole a la familia un entorno lo más amigable posible. Éste incluye un grupo de profesionales especialmente capacitados que no sólo se preocupan de asegurar el buen desarrollo médico del proceso, sino que también tienen una actitud de total respeto a la dimensión emocional de un nacimiento”.

“Cuando nació la Antonia, nadie hablaba; no volaba una mosca. Había una tranquilidad enorme, y yo sabía que todo el equipo médico estaba involucrado de la misma manera en el parto; eso te da mucha confianza, porque sabes que no van a interferir más allá de lo necesario, aunque están allí para asistirte si es que pasa algo inesperado”, comenta Rossana Bontempi. Dicha atmósfera ayuda a disminuir la tensión que rodea a un parto, donde generalmente la madre está asustada, y donde el recién nacido se incorpora a un mundo desconocido.

“El nacimiento implica cambios importantes desde el punto de vista biológico, psicológico y ambiental”, asegura Ximena Sepúlveda. “Todo es nuevo para el recién nacido; la temperatura, la iluminación, las texturas y el tipo de oxigenación son completamente diferentes a lo que experimentó durante nueve meses. Este tipo de parto, que prioriza el afecto antes de la instrumentalización, facilita aquella transición que de otra manera conlleva mucho estrés.

Y la tranquilidad durante la primera hora de vida fortalece el vínculo materno-infantil, proporcionando contención y seguridad al recién nacido: un buen apego es la base de la salud mental para el resto de la vida”.