Drs.
Ricardo San Martín T, Soledad
Torres C, Augusto
León R, José
Miguel Reyes V,
Jorge
Gutiérrez C, Juan
Carlos Acevedo B.
Centro
lntegral de la Mama. Departamento
de Oncología, Clínica Las Condes
Resumen
La
asociación de cáncer de mama y embarazo
es un evento infrecuente, con una incidencia estimada
de 1 en 3.000 a 1 en 10.000 partos. Entre el 0,2%
al 3,8% del total de cánceres de mama coinciden
con el embarazo o la lactancia, pero en el grupo de
mujeres menores de 40 años esta asociación
puede ser mucho más frecuente.
Los
métodos utilizados en programas de detección
precoz, diagnóstico y etapificación
del cáncer de mama no son siempre aplicables
durante el embarazo. Con frecuencia, la tardanza en
el diagnóstico puede contribuir a etapas más
avanzadas al momento del diagnóstico. El manejo
de la paciente embarazada con cáncer de mama
es también diferente, ya que involucra evaluar
y contraponer los posibles riesgos fetales a los beneficios
maternos. Al comparar, etapa por etapa, este grupo
particular de pacientes con mujeres no embarazadas
con cáncer de mama, el pronóstico es
similar.
Los
objetivos de este artículo son la revisión
de la literatura publicada y destacar los aspectos
más importantes de la epidemiología,
el diagnóstico, la etapificación, el
tratamiento y el pronóstico del cáncer
de mama en la mujer embarazada o en lactancia.
Introducción
Aproximadamente 400.000 mujeres mueren en el mundo
cada año por cáncer de mama (1). En
Chile, en el período comprendido entre 1997
y 2000 se notificaron 3.283 cánceres de mama
en el sistema público de salud, de los cuales
el 31 % ocurrió en mujeres menores de 50 años
de edad (2), lo que concuerda con otros estudios publicados
(1,3,4,9,10). En nuestro país el cáncer
de mama corresponde a la tercera causa de muerte por
cáncer en las mujeres. En 1998 se registraron
982 muertes por cáncer de mama, lo cual determina
una tasa de mortalidad de 13 por 100.000 mujeres(2).
La
definición tradicional de cáncer de
mama y gestación utilizada en la literatura,
es el diagnóstico de cáncer de mama
durante el embarazo o hasta un año del parto
o aborto. Dado que cada vez más mujeres posponen
la maternidad para la cuarta y quinta décadas
de la vida, período en el cual se incrementa
la incidencia de cáncer de mama, se estima
que aumentará aún más su ocurrencia
en mujeres embarazadas y en lactancia(5,6).
Aunque
el cáncer de mama es el segundo cáncer
que con mayor frecuencia se presenta en mujeres embarazadas
en el mundo, después del cáncer de cuello
uterino, diversos autores estiman que aún es
un evento infrecuente cuya incidencia varía
entre 1 en 3.000 a 1 en 10.000 embarazos (3,4). Una
publicación que recopiló la información
de 32 estudios de pacientes con cáncer de mama.
asociado a embarazo, realizados entre 1937 y 1982,
concluyó que el 0,2% al 3,8% de todos los cánceres
de mama coinciden con embarazo o lactancia (4). En
el grupo de mujeres jóvenes, en el cual el
cáncer de mama tiene muy baja incidencia, la
asociación con embarazo o lactancia es más
frecuente, como se demuestra en 2 estudios de casos
que evalúan mujeres menores de 30 años
con cáncer de mama, uno del Memorial Sloan
Kettering Cancer Center de Nueva York (7)
y otro del MD Anderson Cancer Center de Houston
(8), donde el 9,7% y 25,6% de los cánceres
de mama, respectivamente, ocurrieron en mujeres embarazadas
o en lactancia.
Diagnóstico
La
mujer embarazada con cáncer de mama presenta
habitualmente un tumor palpable o un aumento focal
de la consistencia de la mama (9). Los cambios fisiológicos
que ocurren en la mama por la influencia hormonal,
como la hiperplasia lobular y galactostasis, especialmente
evidentes durante la lactancia, tienden a ocultar
las masas mamarias, lo que comúnmente contribuye
al atraso en el diagnóstico en este grupo de
pacientes. Varios estudios han demostrado una demora
de tres a seis meses en el diagnóstico de cáncer
de mama en mujeres embarazadas o en lactancia, por
lo que se responsabiliza a este factor del estadio
más avanzado que caracteriza al cáncer
de mama en la embarazada (10-13).
La interpretación de los hallazgos del examen
físico de la mama es más difícil
a medida que progresa el embarazo. Un examen basal
detallado antes del embarazo, y una mamografía
en caso de estar indicada según sea la edad
y factores de riesgo de la paciente, es de gran ayuda.
Si esto no es posible, la primera visita obstétrica
es una buena oportunidad para detectar anormalidades,
ya que en el primer trimestre del embarazo han ocurrido
pocos cambios en la glándula mamaria, lo que
facilita su evaluación.
Considerando
que el 80% de las biopsias mamarias realizadas durante
el embarazo resultan ser lesiones benignas, el hallazgo
de un tumor de mama, o un aumento focal de la consistencia
de ésta, requieren de seguimiento a corto plazo,
dada la posibilidad que se trate de tejido mamario
hipertrófico; si éste persiste luego
de 2 a 4 semanas se debe realizar mayor estudio (1,12,13).
Mamografía
La efectividad de la mamografía en el diagnóstico
del cáncer mamario durante el embarazo es controversial.
Algunos estudios retrospectivos han encontrado tasas
de falsos negativos entre el 22% y el 75%, lo que
se ha atribuido al aumento del contenido hídrico
de la mama, incremento de la vascularización,
hipertrofia glandular, contenido lácteo en
conductillos y disminución relativa del tejido
adiposo, todo lo cual contribuye al aumento de la
densidad del parénquima (14,15).
Existe
debate acerca de la utilidad y rendimiento de la mamografía
en la embarazada, sin embargo el procedimiento puede
ser realizado en forma segura con el uso de protección
abdominal y puede aportar importante información
para el diagnóstico (16,17).
La
evidencia actual sugiere que no hay aumento del riesgo
para el feto en cuanto a malformación congénita,
aborto o restricción del crecimiento por radiación
ionizante a dosis menores de 5 rads (31). La dosis
recibida por el útero, con dos proyecciones
por lado, equivale aproximadamente a 0,002 mRad por
cada mama (0,004 mRad para ambas mamas). La radiación
de fondo natural a la que se expone el feto es 2 mRad
cada semana. Así, la exposición potencial
a la radiación de un feto por una mamografía
es 5.000 veces menor que la exposición semanal
procedente de la radiación natural habitual
(17).
Ultrasonido
No está contraindicado durante el embarazo
y permite el diagnóstico diferencial entre
tumores sólidos y quísticos. Su utilidad
en el diagnóstico diferencial entre tumores
sólidos benignos y malignos en mujeres gestantes
ha sido evaluada sólo en estudios pequeños,
por lo que la información debe ser interpretada
con cautela. A pesar de esto, el ultrasonido mamario
parece tener un lugar importante en la evaluación
inicial de la embarazada con tumor mamario (14-17).
Resonancia
Magnética (RM)
No se han publicado estudios que evalúen la
utilidad de la RM en el diagnóstico de tumores
de mama en mujeres embarazadas o en lactancia. La
RM se ha utilizado para el diagnóstico de anomalías
fetales en el período prenatal, y en los estudios
publicados, aunque no existe aún seguimiento
a largo plazo, no
se han descrito efectos adversos en el feto(18,19).
Biopsia
Independientemente
del resultado obtenido con la mamografía o
el ultrasonido, un tumor mamario clínicamente
sospechoso en una mujer gestante debe ser estudiado
histológicamente para un diagnóstico
definitivo. El diagnóstico diferencial de un
tumor de mama durante el embarazo debe ser realizado
con el método menos invasivo y de mayor rendimiento,
lo cual puede variar según sea la experiencia
y recursos disponibles en cada grupo de trabajo (17).
Varios
estudios extranjeros han demostrado la utilidad de
la punción aspirativa con aguja fina, para
estudio citológico, en el diagnóstico
del cáncer de mama asociado a embarazo y lactancia
(20-22), pero destacan que su interpretación
adecuada requiere de un patólogo entrenado.
Sin embargo, en nuestro medio no hay estudios que
validen esta técnica, por lo que nuestro grupo
no la recomienda. Se debe tener presente que un estudio
citológico sólo es útil cuando
el resultado es positivo para células neoplásicas.
Los resultados negativos no descartan el diagnóstico
de cáncer y requieren mayor estudio.
La
biopsia percutánea tiene buen rendimiento y
permite el diagnóstico de invasión.
Si es necesario, es posible realizar biopsias incisionales
o excisionales con seguridad durante el embarazo (23-25).
El
temor a las complicaciones que la biopsia mamaria
pueda producir en la paciente embarazada o en lactancia
puede inducir a posponerla, pero varios autores concuerdan
que los infrecuentes casos descritos de fístulas
lácteas no son motivo para evitar realizarla.
Otras complicaciones no son más frecuentes
que en los controles (10,16,17,23,25). Un estudio
de Petrek (10) que incluye a 63 pacientes con cáncer
de mama y embarazo sugiere una conducta evasiva de
los clínicos a realizar biopsias durante el
embarazo o la lactancia. En este estudio, menos del
20% de los cánceres fueron diagnosticados durante
el embarazo y casi el 50% de los tumores detectados
durante el embarazo fueron estudiados en las 12 semanas
siguientes al parto. El gran tamaño de los
cánceres, 3,5 cm en promedio, en aquellas pacientes
cuyo diagnóstico fue hecho recién en
el período postparto, sugiere que probablemente
ya existía un tumor palpable durante el embarazo,
el cual debió ser estudiado. De ahí
la importancia de un examen clínico acucioso,
particularmente en la embarazada.
Etapificación
En
mujeres con cáncer de mama, estén o
no embarazadas al momento del diagnóstico,
se utiliza el sistema TNM para etapificar la enfermedad,
para planificar el tratamiento y para establecer el
pronóstico. Existen varios estudios retrospectivos
en que se observa que las mujeres con cáncer
de mama asociado al embarazo o lactancia presentan,
al momento del diagnóstico, una etapa más
avanzada, mayor tamaño del tumor y aparentemente
una mayor frecuencia de compromiso axilar y enfermedad
metastásica, por lo que la presencia de metástasis
debe ser descartada, especialmente en hueso, pulmón
e hígado, sitios más frecuentemente
afectados (7,26,27).
Según
Jacob y Stringer (28), el 28% de las mujeres embarazadas
con cáncer de mama presenta una enfermedad
en etapa I, el 30% en etapa II y el 41 % en etapas
III y IV. Además, entre el 61% y 89% de las
mujeres embarazadas tienen compromiso axilar, notoriamente
más elevado que el 40 a 50% encontrado en las
mujeres no embarazadas (29).
En
la etapificación se requiere de medidas especiales
para proteger al feto. No
existe contraindicación para realizar radiografía
de tórax en pacientes embarazadas, pero debe
efectuarse con protección abdominal adecuada
(1,16,30). Puede existir dificultad para la evaluación
de las bases pulmonares en embarazos avanzados, cuando
el útero grávido comprime el diafragma.
El ultrasonido abdominal para evaluar metástasis
hepáticas es seguro. La TAC abdominopélvica
y la cintigrafía están contraindicadas
durante el embarazo, por el riesgo de exposición
fetal a la radiación y deben ser diferidas
hasta el puerperio. La RM puede ser utilizada durante
la gestación en caso de requerir mayor evaluación
de las vísceras abdominales y de la columna
torácica y lumbosacra (17-19).
Marcadores
Biológicos
Pocos estudios han evaluado los aspectos patológicos
del cáncer de mama en la paciente embarazada
y comparado a los hallazgos en la mujer no gestante.
Receptores
hormonales
Los primeros estudios encontraron que la mujer embarazada
con cáncer de mama tiene, con mayor frecuencia,
tumores que carecen de receptores de estrógenos
y progesterona, observando hasta un 65% de negatividad
para ambos receptores hormonales, comparadas con el
grupo control de mujeres no embarazadas (26,27,31).
En
todos estos estudios, la presencia de receptores hormonales
en el tumor fue evaluada utilizando el método
bioquímico de unión al ligando. Actualmente
se sabe que esta técnica es de menor utilidad
durante el embarazo. Un mecanismo por el cual ocurrirían
falsos negativos durante el embarazo se debe al aumento
en la concentración plasmática de estrógeno
y progesterona, lo que causa internación de
los receptores hormonales al punto de ser indetectables.
Además, el rendimiento de este método
depende de la disponibilidad del receptor, y es posible
que todos los sitios activos del receptor estén
ocupados como consecuencia del alza de los niveles
hormonales.
En
el único estudio publicado a la fecha, que
ha utilizado la técnica de inmunohistoquímica
(32), se encontró que la mayoría de
los cánceres de mama en embarazadas son positivos
para los receptores hormonales.
Factores
genéticos
Con respecto a la expresión de HER2/neu en
cáncer de mama y embarazo, el 58% de los casos
presenta tinción positiva, comparado con el
16% de los controles (32).
El
efecto de las mutaciones de BRCA 1 y BRCA2 sobre la
incidencia del cáncer de mama en la embarazada
no es claro, ya que se dispone de poca información.
Hay dos publicaciones (33,34) donde se encontró
un predominio significativo de mutaciones de estos
genes en mujeres embarazadas con cáncer de
mama, con un 88%, en comparación al 20% del
grupo control.
Manejo
perinatal y tratamiento
El
objetivo principal es el control de la enfermedad
local y sistémica, como en toda mujer con cáncer
de mama. Las estrategias terapéuticas son similares,
pero se deben considerar las repercusiones que el
tratamiento puede tener en el feto y en el embarazo.
Cirugía
El tratamiento quirúrgico no se debe demorar
a causa del embarazo. La mastectomía con disección
axilar se puede realizar con mínimo riesgo
para el feto y la gestación (35,36,43). De
un registro de 5.405 cirugías realizadas en
mujeres embarazadas, por distintas causas (35), se
concluyó que la incidencia de abortos espontáneos,
malformaciones congénitas y óbito fetal
no aumentaron en comparación a la población
general. Sin embargo, se observó un incremento
de recién nacidos de bajo peso, lo cual se
atribuye a la prematurez determinada por la interrupción
anticipada del embarazo. También hubo aumento
de la mortalidad neonatal precoz, donde la mayoría
de los casos corresponden a prematuros extremos. Ningún
tipo específico de anestesia o técnica
quirúrgica se asoció a resultados perinatales
adversos en este estudio.
Duncan
(37) tampoco encontró aumento de las malformaciones
fetales en un estudio que involucró a 2.565
mujeres embarazadas que fueron sometidas a cirugía
y comparadas con un grupo control de mujeres embarazadas.
La
cirugía conservadora de la mama es técnicamente
posible de realizar en la paciente embarazada. Sin
embargo, la radioterapia requerida para completar
el tratamiento local está absolutamente contraindicada
durante el embarazo, por el riesgo que implica para
el feto la exposición a la radiación,
ya que la dispersión abdominal es considerable
incluso con protección (30).
Aunque
no existe aún seguimiento a largo plazo, se
acepta que la cirugía conservadora es una alternativa
de tratamiento en pacientes embarazadas en el tercer
trimestre del embarazo, que presenten lesiones susceptibles
de este tipo de cirugía, en quienes la radioterapia
se puede posponer hasta inmediatamente después
del parto.
En
el caso de pacientes embarazadas con indicación
de quimioterapia neoadyuvante, ésta puede ser
administrada durante la gestación a partir
del segundo trimestre. Luego, es posible realizar
la cirugía conservadora, ya sea durante el
embarazo o bien después del parto.
En
ambas situaciones se logra obtener una edad gestacional
mayor al momento del parto, con lo que disminuyen
los riesgos neonatales relacionados con la prematurez,
y se posibilita el manejo conservador, efectuando
la radioterapia una vez resuelto el embarazo.
En
un estudio de cohortes prospectivo del MD Anderson
Cancer Center (31) publicado en 1999, de 24 embarazadas
con cáncer de mama, fue posible tratar con
cirugía conservadora a 2 pacientes, a las cuales
se las irradió durante el puerperio.
Tratamiento sistémico
Las
indicaciones de terapia sistémica en la mujer
embarazada con cáncer de mama son iguales a
las de la paciente no gestante. Existe poca información
respecto a la farmacocinética de los diferentes
agentes citotóxicos en forma individual en
la embarazada. La mayor parte de los fármacos
antineoplásicos se clasifican en la categoría
D, que son aquellos en los cuales hay evidencia de
riesgo fetal, si bien se piensa que los beneficios
superan los riesgos (38,39).
Durante el embarazo existen cambios fisiológicos
que incluyen modificaciones de la función renal
y hepática, aurnento del volumen plasmático,
hemodilución, entre muchos otros, que influencian
la farmacología de las drogas antineoplásicas
(39). No existen estudios prospectivos que hallan
descrito la concentración de citotóxicos
in útero o en tejido fetal. Aunque la barrera
trofoblástica regula la penetración
de los fármacos, se ha informado de un caso
de óbito fetal con concentraciones tisulares
mensurables de antraciclinas, cuya madre había
recibido doxorrubicina poco tiempo antes del parto
(40).
Terapia
sistémica en el primer trimestre
En una revisión (39) de 139 embarazadas que
recibieron quimioterapia durante el primer trimestre
por diversas neoplasias se encontró un 17%
de malformaciones fetales, en comparación con
1,3% de 150 embarazadas que fueron tratadas durante
el segundo y tercer trimestres.
En
otro estudio (41) de 217 embarazadas tratadas con
quimioterapia entre 1983 y 1995 por diversas neoplasias,
20 recién nacidos (9,2%) tuvieron anomalías
congénitas, ocurrieron 15 (6,9%) abortos espontáneos
y 4 (1,8%) óbitos fetales. La mayoría
de estos resultados adversos ocurrieron en mujeres
que recibieron quimioterapia durante el primer trimestre.
Basados
en la evidencia disponible, se concluye que el periodo
de exposición a la quimioterapia es crítico,
con mayor riesgo durante la organogénesis,
donde se estima que la tasa de malformaciones mayores
es de 10 a 17%, por lo que no debe utilizarse en este
periodo (39-42).
Terapia
sistémica en segundo y tercer trimestre
Existe
en la literatura sólo un estudio prospectivo
de cohortes en pacientes embarazadas con cáncer
de mama que recibieron quimioterapia durante el segundo
y/o tercer trimestre, en donde no ocurrió ninguna
malformación congénita, mortinatos o
abortos espontáneos (31). Las 24 mujeres de
este estudio fueron tratadas con 5-FU 1.000 mg/m2
endovenoso, Adriamicina 50 mg/m2 en infusión
continua por 72 horas y Ciclofosfamida 500 mg/m2 ev,
por un promedio de 4 ciclos. Los autores concluyeron
que la quimioterapia puede ser administrada durante
el segundo y tercer trimestres del embarazo con rnínimas
complicaciones para el feto y la madre. Las complicaciones
maternas registradas anteparto fueron un caso de diarrea
y fiebre de origen no precisado que se resolvió
con medidas generales y sintomáticas, y una
paciente con el antecedente de trombosis venosa profunda
en una pierna quien desarrolló otro episodio
en la misma extremidad y que fue hospitalizada para
manejo anticoagulante con heparina. La edad gestacional
al momento del parto, en promedio, fue de 38 semanas.
De los recién nacidos, sólo uno presentó
restricción del crecimiento intrauterino, registrando
un peso inferior al percentil 10 para la edad gestacional,
y uno presentó leucopenia transitoria sin complicaciones
infecciosas. Este feto fue expuesto a quimioterapia
dos días antes del parto.
La
restricción del crecimiento intrauterino, probablemente
se deba al efecto de las drogas antimitóticas
en los tejidos trofoblástico y fetales (11,40-42).
No existen estudios publicados con el uso de Taxanos
durante el embarazo, por lo cual actualmente no se
recomienda su uso.
Muchas
de las drogas citotóxicas, especialmente los
agentes alquilantes, son excretados en la leche materna,
por lo que las mujeres que reciben quimioterapia deben
evitar el amamantamiento mientras dure el tratamiento.
Se debe tener cuidado también con los antieméticos
utilizados durante el embarazo en mujeres que están
con quimioterapia ya que su perfil de seguridad es
limitado (38).
Terapia hormonal
Ebert
(41) informó de un feto expuesto a Tamoxifeno
durante toda la gestación, el cual resultó
en un parto de pretérmino a las 26 semanas
con síndrome de Goldenhar, caracterizado por
hipoplasia facial, displasia óculo-auricular-vertebral
y retardo mental. El uso de moduladores selectivos
de los receptores estrogénicos e inhibidores
de la aromatasa no están recomendados, ya que
pueden interferir con los cambios hormonales del embarazo
normal.
Radioterapia
La radiación local requerida para completar
el tratamiento conservador está contraindicada
durante el embarazo, por los riesgos que implica la
exposición fetal (30). Una dosis terapéutica
de 5000 cGy en la mama puede resultar en una exposición
fetal de 10 a 15 cGy durante el primer trimestre y
a 200 cGy en el tercer trimestre, esto por la mayor
proximidad del feto al campo de radiación a
medida que el embarazo progresa (43).
Datos
obtenidos de la detonación atómica de
Hiroshima-Nagasaki demuestran que una dosis aérea
de 1 a 9 cGy durante las semanas 6 a 11 del embarazo
tienen como consecuencia una incidencia del 11% de
microcefalia y retardo mental, comparada con un 4%
en el grupo control (44,45). Además, en los
niños expuestos a radiaciones ionizantes in
útero, existe un aumento del riesgo de desarrollar
leucemia en la infancia (46).
Interrupción del embarazo
Aunque en el pasado se pensaba que la interrupción
del embarazo mejoraba la sobrevida en mujeres embarazadas
con cáncer de mama, la evidencia disponible
actualmente demuestra que el embarazo no ejerce un
efecto adverso en el pronóstico, por lo que
el aborto terapéutico no mejora la evolución
de las pacientes (47,48). En un estudio con 24 embarazadas
con cáncer de mama tratadas con mastectomía
radical, la sobrevida no mejoró en aquellas
pacientes que habían abortado (47). Es más,
algunos estudios incluso han sugerido que las mujeres
sometidas a interrupción del embarazo pueden
tener un deterioro del pronóstico y disminución
de la sobrevida, comparadas con aquellas que continuaron
su gestación (49,50).
Control
prenatal
La paciente embarazada con cáncer de mama requiere
de control prenatal multidisciplinario, lo que implica
la participación de un equipo médico
especializado en salud materno fetal.
El ultrasonido debe ser utilizado para determinar
edad gestacional, elemento de gran importancia para
determinar la fecha de parto, lo cual permite planificar
un tratamiento adecuado y es de gran utilidad para
la evaluación anatómica fetal y del
crecimiento intrauterino. En algunos casos puede ser
necesaria la amniocentesis para estudio del líquido
amniótico y determinar la madurez pulmonar
fetal, especialmente si se considera interrumpir el
embarazo antes del término (51).
Parto
en embarazada con cáncer de mama
Es difícil obtener conclusiones basados en
los estudios existentes, ya que todos, excepto uno
(31), son retrospectivos, pero el hallazgo más
constante en embarazadas con cáncer de mama
es el bajo peso de nacimiento y el parto prematuro,
por la tendencia a interrumpir anticipadamente el
embarazo con el objeto de iniciar el tratamiento posterior
al parto. La edad gestacional promedio al momento
del parto fue de 34,7 semanas en la serie de Giacalone
(42) y de 38 semanas en la cohorte de Berry (31).
Además, se observa la ocurrencia de algunos
casos de restricción del crecimiento fetal
(31,41,42).
Toda vez que exista indicación de extracción
fetal prematuramente, y las condiciones maternas y
fetales permitan el uso de corticoides 48 horas antes
del parto, éstos deben ser siempre administrados,
ya que se ha demostrado su utilidad entre las 24 y
34 semanas de gestación en la prevención
de complicaciones neonatales como síndrome
de membrana hialina, hemorragia intraventricular,
enterocolitis necrotizante y displasia broncopulmonar
(51).
Seguimiento
a largo plazo de los recién nacidos
Existen pocas publicaciones sobre los efectos que
a largo plazo puede tener la exposición in
útero de la quimioterapia materna en cuanto
al estado físico y desarrollo mental de los
niños expuestos.
Berry (31) no informó de ninguna alteración
del desarrollo. De 50 recién nacidos pertenecientes
a mujeres embarazadas que recibieron quimioterapia
por leucemia aguda, hubo crecimiento y desarrollo
normal y ninguna evidencia de neoplasia en ninguno
de los 7 niños que tuvieron seguimiento prolongado
por 17 años (52). En otro estudio, Giacalone
(42) encontró que 16 niños expuestos
in útero a quimioterapia tuvieron un desarrollo
normal. Li y cols (53) encontraron sólo 2 neoplasias
infantiles en un grupo de 146 mujeres tratadas durante
286 embarazos.
Avilez
y co1 (54) estudiaron 20 niños expuestos a
quimioterapia in útero en pacientes
con leucemia. Se registró 1 mortinato de causa
desconocida, 1 falleció a los 21 días
de vida por sepsis atribuida a leucopenia secundaria
a la quimioterapia y 1 falleció a los 3 meses
por gastroenteritis aguda, En los 17 restantes hubo
seguimiento por 22 años, no registrándose
secuelas a largo plazo. En este estudio los niños
fueron seguidos con examen físico y hemograma
cada 3 meses en los primeros 2 años de vida
y cada 6 meses hasta los 22 años. Se realizó
evaluación neurológica y pruebas formales
de inteligencia en dos oportunidades, con intervalo
de 3 años.
Basados
en estos estudios, se puede concluir, con prudencia,
que la exposición in útero a quimioterapia
como parte del manejo del cáncer en la embarazada,
parece no afectar el desarrollo normal a largo plazo
de los niños expuestos.
Seguimiento
de la paciente
Las pacientes con antecedente de cáncer de
mama durante el embarazo deben ser controladas según
el protocolo de seguimiento publicado por la Sociedad
Americana de Oncología Clínica (55)
y el National Comprehensive Cancer Network
(56) para mujeres tratadas por cáncer de mama.
Pronóstico
Numerosos
estudios de casos y controles han sugerido que cuando
las pacientes son pareadas por edad y estadio de presentación,
no existe diferencias significativas en la sobrevida
entre pacientes embarazadas con cáncer de mama
y mujeres no embarazadas con cáncer de mama
(9,10,26,27,48,58) (Tabla 1).
Embarazo
posterior a un cáncer de mama
Alrededor del 10% de las mujeres tratadas por cáncer
de mama se embarazan posteriormente y el 70% de éstas
lo hace durante los 5 años siguientes (59,60).
Existe
sólo un estudio que sugiere que el embarazo
posterior al tratamiento de un cáncer de mama
afecta adversamente la supervivencia (61). La mayoría
de los estudios han concluido que las mujeres que
se embarazan después de un tratamiento exitoso
para cáncer de mama no presentan un deterioro
en la sobrevida (47,62,63) y existe otro recién
publicado (64) del International Breast Cancer
Study Group que muestra que el pronóstico
puede ser incluso mejor, al menos en etapas tempranas,
al compararlas con un grupo control de mujeres que
no se embarazan. Además, no hay datos que sugieran
que la lactancia afecte adversamente el pronóstico
de un cáncer de mama tratado.
TABLA
1
ESTUDIOS
RETROSPECTIVOS PUBLICADOS DE SEGUIMIENTOS
Y SOBREVIDA *
|
| Autor |
Años
País |
n |
%
emb axila +/
% no emb axila + |
(%)
de sobrevida a 5/10 años |
| Emb
axila - |
No
emb
axila - |
Emb
axila + |
No
emb
axila + |
| King
(9) |
1950-80
EUA |
63 |
62/- |
82/71 |
- |
36/36 |
- |
| Petrek
(10) |
1960-80
EUA |
63 |
62/39 |
82/77 |
82/75 |
47/25 |
59/41 |
| Ishida
(26) |
1970-88
Japón |
192 |
58/46 |
-/85 |
-/93 |
-/37 |
-/62 |
| Bonnier
(27) |
1960-93
Francia |
154 |
56/54 |
63/- |
77/- |
31/- |
63/- |
| Nugent
(48) |
1970-80
EUA |
19 |
74/37 |
100/- |
70/- |
50/- |
48/- |
| Ribeiro(58) |
1941-83
Inglaterra |
121 |
72/- |
79/- |
- |
- |
- |
*
Información involucra a 18 instituciones
de salud e incluye pacientes con cáncer
de mama
en el período de lactancia dentro de los
2 años posteriores al parto. |
| emb= |
embarazada |
| axila
+ = |
presencia
de linfadenopatías axilares. |
| no
emb= |
no
embarazada. |
| axila
- = |
ausencia
de linfadenopatías axilares. |
En
las mujeres tratadas adecuadamente por un cáncer
de mama las recomendaciones para futuros embarazos
se basan en diversos factores, entre los cuales el
más importante es la posibilidad de recidiva.
Según diferentes autore (1,16) es razonable
aconsejar un plazo de 2 a 3 años, ya que se
estima que aproximadamente el 80% de las recidivas
ocurren en un período de 2 a 5 años
luego del tratamiento, pero el peor pronóstico
se observa en las pacientes que recidivan dentro del
primer año, en quienes el riesgo de enfermedad
diseminada es 6 veces superior en comparación
a mujeres sin recidiva (65,66).
Podemos
concluir que la evidencia actual indica que no existe
contraindicación para que las mujeres tratadas
por un cáncer de mama se embaracen, después
de un período mínimo de 2 años
desde finalizado el tratamiento y de haber descartado
reactivación de la enfermedad.
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