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El
hombre y su imaginación han creado personajes
y situaciones increíbles, desde los centauros,
mitad hombre y mitad caballo, a las quimeras, que
en la mitología griega eran monstruos de sexo
femenino que exhalaban fuego, cuya parte anterior
semejaba un león, la parte media una cabra
y la parte posterior un dragón.
Estos seres, de haber existido, tendrían que
haber estado conformados por dos o tres genomas diferentes.
Esta situación se da en la realidad cuando
a un paciente se le transplanta un órgano de
un donante, lo que en ciertas circunstancias constituye
una forma de terapia génica.
Es posible que la primera referencia de transplante
en un ser humano sea la de la historia de los santos
Cosme y Damián (siglo III), que eran hermanos
y ambos médicos, a quienes se les atribuye
el haber trasplantado la pierna de un moro a otra
persona que la había perdido.
Una de las tantas cosas que realizó el anatomista
y cirujano inglés John Hunter (siglo XVIII)
fue el intento de trasplantar tejidos y piezas dentarias.Esto
último desató un debate ético
sobre el tema, ya que en algunos casos, soldados y
sirvientes eran obligados a donar sus dientes a sus
oficiales o patrones.
Durante el siglo XIX la cirugía logró
importantes avances, de manera que hacia fines de
la centuria era posible realizar anastomosis vasculares
exitosas. Ello hizo que a comienzos del siglo XX se
pensara en transplantar órganos vascularizados
y fue así como en 1906 en Francia, Mathieu
Jaboulay tuvo el mérito de haber iniciado los
transplantes de riñón, que en su oportunidad
él hizo con riñones de cerdo y cabra
implantados en el brazo de pacientes con insuficiencia
renal. El primer trasplante de riñón
humano de cadáver se registró en Rusia
(Yu Yu Voronin, 1933).
Y con esta historia llegamos al siglo XXI, en que
la cirugía de trasplantes permite la mejoría
de pacientes con condiciones hasta hace poco irreversibles
y terminales. El éxito logrado se debe a innumerables
factores, entre ellos, a la posibilidad de una mejor
selección de los donantes histocompatibles
con el receptor; a nuevas técnicas quirúrgicas
tanto para la recuperación del órgano
como para su implante; a avances en anestesiología;
a instrumental más moderno; a nuevos materiales
de sutura; a bancos de sangre bien equipados; a laboratorios
que entreguen resultados confiables y con gran rapidez;
a los cuidados post operatorios en excelentes unidades
de tratamiento intensivo; a la organización
y cuidados de enfermería; al control de infecciones;
a tratamientos inmunosupresores eficaces; por mencionar
los más relevantes. Pero es el conjunto de
profesionales, cada cual con su expertizaje, actuando
en forma complementaria y coordinada, y con la posibilidad
de acudir a sus respectivos lugares de trabajo en
plazos muy breves, los que han permitido tener un
Programa de Trasplantes que ha permanecido en el tiempo
en nuestra Clínica.
En el presente número, el equipo médico
de trasplante de órganos torácicos y
el grupo de enfermeras nos relatan su experiencia
en trasplantes de pulmón. Ello es una muestra
del éxito del Programa que es un orgullo para
nuestra Institución.
Dr.
Ronald Youlton
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